jueves, 9 de mayo de 2013


El pasado 30 de abril leímos la noticia de que un niño autista llevaba cuatro años sin escolarizar por una batalla legal. Podéis leerla en el siguiente enlace:

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/04/29/actualidad/1367261686_954598.html

Sin juzgar los hechos particulares del caso, pues desconocemos cómo es el niño, la evaluación que se le ha realizado y las medidas que se han tomado si nos gustaría realizar algunas consideraciones de carácter general sobre la escolarización de algunos alumnos con trastornos graves del desarrollo.
No son pocos los casos en que los familiares de un niño, en general sus padres, difieren de la orientación dada por los profesionales de los Equipos de Orientación a la hora de escolarizar a su hijo o hija en un Centro de Educación Especial, decantándose por la integración en un Centro Ordinario. Bien es cierto que no se suele llegar a batallas judiciales tan enconadas como la que se relata en el caso de la noticia a la que hacemos referencia y se suele solucionar poniendo la mejor voluntad por ambas partes: padres y Administración.
En ocasiones esta negativa a llevar a su hijo o hija a un Centro de Educación Especial parte directamente de los padres, sin embargo, en muchas otras es planteada y apoyada por alguna asociación o profesional privado que de una u otra forma se hallan involucrados en el caso.
Sin menospreciar la opinión y profesionalidad de todas las personas que en asociaciones de diversa índole o en gabinetes privados trabajan con niños con necesidades educativas especiales, hemos de reconocer que son los profesionales que trabajamos en las escuelas: profesores, orientadores, inspectores, etc. quienes conocemos de primera mano la realidad de la situación de cada niño en cada centro escolar y quienes, desde la más estricta posición ética, presentamos la orientación educativa más adecuada para cada niño.
Muchas personas, llevadas por la mejor voluntad, aportan sus opiniones en estos casos, pero por desgracia lo hacen desde el más absoluto desconocimiento de cómo funciona un centro escolar con unos determinados recursos materiales y personales y el grado real de integración e inclusión que un determinado niño está consiguiendo o puede conseguir.
Si algún colectivo se ha caracterizado por apoyar la integración de los niños con necesidades educativas especiales (ACNEEs), ha sido el de los orientadores escolares, que desde los años ochenta fueron los encargados de “desmontar” las antiguas aulas de educación espacial y proporcionar soporte técnico para la integración de la inmensa mayoría de los alumnos con dificultades. Pero todo tiene un límite y una cosa es la teoría de la integración y otra, por desgracia, es la realidad de la misma.
Algunos de estos niños presentan características que hacen que su integración “real” sea poco menos que imposible. Paradigmáticamente los niños gravemente afectados de autismo son los alumnos con más dificultades para su integración escolar, sobre todo a medida que se van haciendo mayores, pues el tratamiento de las características de esta alteración precisa de un nivel de orden, regularidad y estructuración de los espacios, tiempos, materiales, etc. que es prácticamente imposible de lograr en una clase ordinaria.
Por otra parte para que se dé un mínimo de integración “real” debe haber un intercambio social, emocional… entre los niños, cosa que por diversas circunstancias, achacables tanto a las características del medio escolar como a las de los propios alumnos, ACNEEs y sus compañeros, en muchas ocasiones no se consigue.
Quisieramos finalizar refiriéndonos a la excelente y seria investigación que sobre el tema de la integración de los niños deficientes intelectuales (la mayor parte de los niños afectados de autismo presentan deficiencia intelectual) ha realizado la antropóloga social y orientadora en un I.E.S. Pilar Irima, con el título “Superando la soledad: la educación de la persona con discapacidad intelectual”1, en ella se destaca la idea general de que la integración es adecuada dependiendo del nivel de deficiencia intelectual del niño y de su edad, dándose como regla general la de que a mayor déficit y más edad, más contraindicada está esta modalidad educativa.
Así encontramos afirmaciones en la que quedan claras algunas orientaciones, señala que “efectivamente el objetivo fundamental de la llamada <<integración escolar>> es el conseguir que estos niños no estén aislados de los <<normales>>, sino que entablen una buena relación con ellos. Como vemos, sobre todo en el caso de los << moderados>> y en muchos de los <<débiles>>, este intento resulta ser un claro fracaso. Muchos niños no aprenden a relacionarse con sus compañeros, ni sus compañeros llegan a relacionarse cercana y cordialmente con ellos. Aprenden a estar marginados y a sentirse (con mayor o menor conciencia de ello) en una continua inferioridad y fracaso.” (pág. 122).
1. Irima P. (2006); Superando la soledad: la educación de la persona con discapacidad intelectual. Madrid. Ed. Fundamentos